viernes, 14 de junio de 2013



BÚSQUEDA DE FIGURAS LITERARIAS EN UN PAREADO DE BOLAÑO
                Los chavales se quejan de que no ven figuras estilísticas en los poemas. Pero están por todas partes, en la publicidad, en las frases hechas (las demás frases, ¿qué?, ¿están a medio hacer?) “Haberlas, hailas”, como las meigas. Para botón, un ejemplo del escritor chileno Roberto Bolaño y su  pareado:
                Cae fiebre como nieve
                Nieve de ojos verdes.
                En el primer verso vemos clara la comparación. La fiebre cae como los copos de nieve. Nos imaginamos la nevada tradicional, pero ¿cómo serán los copos de fiebre?, ¿blancos o rojos, como la pasión febril?, ¿como el crepúsculo rojizo o anaranjado de un día caluroso, con bastantes grados de fiebre? Puede que nos encontremos ante las altas temperaturas de la pasión amorosa. Habría, por lo tanto, también una metáfora. Pero es que, al mismo tiempo, “la fiebre cae”, lo cual puede interpretarse como otra metáfora de la citada pasión, aunque en  su descenso y posterior desaparición.
                Ya lo dijo Lope; el amor es “hielo abrasador”, y con Bolaño tenemos una fiebre nevada y una nieve febril, en clara antítesis (en el caso de Lope, un oxímoron), con un profundo sentido lógico, de ahí que también nos acerquemos a la paradoja.
                En el segundo verso asistimos a una sugerente personificación, pues la nieve tiene ojos verdes, a la vez que esos ojos verdes son una metonimia del rostro y cuerpos femeninos.
                En cuanto al ritmo del breve poema, este aparece marcado por la rima interna “fiebre”- “nieve”, y por la rima en asonante de final de verso: “nieve”- “verdes”. La repeticion de la palabra “nieve” al final del primer verso que se retoma al inicio del siguiente se conoce con el nombre de anadiplosis. (Esto es para dejar flipado al próximo profe de bachillerato, por si alguna vez os aparece esta figurita en un texto.)
                Vemos, pues, cómo en dos versos hay una gran condensación de figuras estilísticas y la sugerencia plástica de tres colores: rojo, blanco y verde.
                Como conclusión, podríamos apuntar que quizás la belleza de esos ojos verdes y una ligera caída de párpados tras la mirada (hasta puede ser que esta mirada sea fría y desdeñosa también) sean capaces de provocar en el poeta fiebre y frío al mismo tiempo.  
                Anécdota: En el cuento “Retorno de la noche”, perteneciente a La otra orilla de Julio Cortázar, leo en la página 66: “una fiebre de serpiente, viscosa y helada”. Y acordaos, cuando tengáis hijos y os pidan que los tapéis porque tienen mucho frío hasta el punto de tiritar, de que lo que ocurre es que, paradójicamente, están ardiendo de frío. (O quizás es que el amor y la literatura ya han hecho de las suyas, y están enamorados y os han salido poetas.)   
                                                              Carmen Bragado                                                                          Junio, 2013    

jueves, 16 de mayo de 2013

Las primeras palabras de la creación



“Las primeras palabras de la creación”
A propósito del tema del ensayo en las clases de 4º de la ESO (que ahora están disfrutando en la excursión)  con autores y obras más o menos conocidos, aparecía citado un título que me sorprendió: Las primeras palabras de la creación.
Busqué algo más de información en Internet, red que para estos apuros pesca muy bien, pero preferí dejar los contenidos para mí y plantear a los alumnos un ejercicio de redacción ingeniosa. No podía  perder la oportunidad de sacarle partido creativo a tan acertado sintagma. Les pedí, pues, que escribiesen cuáles podrían haber sido esas primeras palabras.
Mi persona también intentó contribuir a la causa y, esa misma mañana, mientras desayunaba, redacté varias posibilidades. En clase las leímos y me hizo mucha gracia comprobar que bastantes chavales habían pensado en los monos como primeros emisores parlantes.  En cambio, lo mío, casi todo, tenía que ver con el mito bíblico de la creación. Deduje, entonces, que quizás la diferencia generacional entre ellos (los alumnos, quiero decir) y yo estaba en estas maquinaciones sobre el origen del mundo: ellos, darwinistas convencidos por la ciencia; yo, creacionista escéptica, pero maravillada por las similitudes legendarias que guardan todas las culturas religiosas. Yo quise que parlotearan Dios, Adán y Eva; ellos les dieron cuerda a los monos.
Y, ¡eureka!; después me acordé de que quizás,  inconscientemente, tuvo algo que ver el hecho de haber leído días atrás un magistral cuento del maestro Monterroso: “El mono que quería  ser escritor satírico”. Este mono era muy humano y llegó a la conclusión de que era mejor callarse. O, tal vez,  es que era simplemente muy mono.
Tras esta introducción-comentario, adjunto las varias alternativas verbales que mi primitivo cerebro emitió. Son un decálogo, como los mandamientos.
1.       - ¿Hay alguien ahí?- Dijo Adán, con taparrabos y cara de animalillo indefenso ante la serpiente del Paraíso.
2.       Se las dice Dios a Adán: - ¡Estás despedido! (Y a sí mismo: - Ahora todos quieren ser jefes… o dioses (odiosos, el inconsciente) que es peor.)
3.       -  Soy la hostia.- “Soliloquia” Dios, tras su semana creadora.
4.       - No quiero tu costilla.- Le dice Eva a Adán.- ¡Si por lo menos fuera churrasco!
5.       - ¿Estudias o trabajas? ¿O te vas a Alemania?- Le dice Adán a Eva en el botellón de la esquina.
6.       - ¡Sálvame!- Le pide Adán a Eva. - ¡Ni de coña! ¿Qué te crees? ¿Que esto es el Paraíso? ¡Ingenuo!, todavía no te has enterado de que no existe.Sálvame en Telecinco.
7.       - Muerde un poco; esta non está envenenada.- Le dice Eva a Adán.
8.       - ¿Quién te has creído que eres? ¡Vaya Dios más creído!- Le dice un Dios a otro Dios.
          Y para acabar, tras el cachondeo, dos de las de la mano en el pecho:
9.       - Nunca podrás imaginar, hijo mío, todo lo que te voy queriendo.
10.   – Cuenta todas las arenas de todas las playas de todos los planetas del universo. Yo te daré el mismo número de besos.- Me dijo el Principito desde el asteroide B612, a la izquierda del Paraíso.