jueves, 13 de noviembre de 2014
Estoy tan pez en esto que no sé cómo hacer más minúsculas las minúsculas. Me he apuntado a un curso sobre blogs. No creo que me ayude a mejorar en el estilo literario (en eso ya no hay remedio; las musas me han dejado musarañas y murciélagos en el pobre escritorio mental sobre el que suelo practicar algunas veces), pero supongo que sí en el manejo tecnológico y aparente de las entradas. Les daré un poco de luz con la lámpara internauta. Al final tendré la araña, pero sin la musa. Seré un despojo, más o menos comestible, dentro de su tela, un ratoncito ciego en el lago transparente de su hilos.
martes, 18 de febrero de 2014
FICCIONES TELEVISIVAS
“Ficciones televisivas”
He visto ayer por primera vez La voz dormida y he llorado. No sabía que Benito Zambrano la había dirigido, aunque por
la intensidad debería de habérmelo imaginado. Solas ya me había parecido
brutal, en el buen sentido de la palabra, que es el emocional y estético.
La película, que a cualquiera le parecería
sdura y propia de unas circunstancias históricas extremas, como un contexto
bélico o post-bélico, me ha impactado, sobre todo, al relacionarla con tres
noticias de estos días: la 1ª, la de las
denuncias de mujeres violadas y torturadas en el Irak actual, “liberado de las
armas de destrucción masiva”; la 2ª, la derivada del absoluto desprecio del Vaticano que ha
llegado a acusar de “injerencia” el deseo de hacer justicia en los casos de
abusos a miles de niños por parte de sus subordinados eclesiales; y la 3ª, la de la reunión en Cracovia de las grandes potencias europeas en donde, según el artículo de Rivas en El País del 8 de febrero, se han identificado terrorismo
internacional, delincuencia organizada e inmigración ilegal, como tríada
causante de todos los males que aquejan al Viejo Continente.
La protagonista de La voz dormida
podría muy bien desempeñar el papel de inmigrante ilegal en esta Europa
terrorista y con una buena corrupción organizada. Pepita, viendo los estragos
que las ideas políticas han hecho, no entiende ni quiere entender de política,
pero es la primera en cruzar el estrecho o la valla fronterizos para salvar a
su hermana, aunque no comparta su lucha. No le importa rebajarse ante los
fachas para pedir clemencia e incluso la ingenuidad de sus ojos marítimos le
dan coraje para escribirle una nota al mismísimo Generalísimo. La realidad de
las descargas eléctricas a las que será sometida poco después no mermarán ni un
ápice sus agallas.
El papel de la jerarquía eclesiástica es
atroz, desde la madre superiora en la escena del besajesús roto hasta el cura demoníaco de las últimas horas de
Tensi. Se salva con su ternura la maestra, con los hijos muertos en el frente,
que se ha hecho funcionaria de prisiones para sobrevivir, y que permite el último contacto de la rea con su hija.
Y de todo, lo que más me asquea es la
injusticia de una guerra que nunca empiezan sus víctimas, pero vomitada por los
de guante blanco y traje impoluto que, desde sus despachos, dirigen limpiamente
los drones del ataque. Me gusta el papel
de Pepita, porque, en su inocencia y humildad, representa el valor del corazón,
del abrazo pacífico, por encima de
cualquier adhesión a un partido o a un líder endiosado o mitificado, da lo
mismo.
Y ¿por qué hablo del “partido”? Porque
después de ver una película honesta y emotiva, me encuentro con los estertores
de lo que antaño fue un programa de cabecera en una televisión pública: Informe
Semanal. Yo, que también peco de ingenua, en este caso, no pude sino asistir a
uno de los espectáculos más bochornosos y burdos de manipulación que recuerde.
El primer reportaje fue un panegírico al partido único, al único partido capaz de
llevarnos en la buena dirección a Europa en las próximas elecciones, como así
nos lo recordaban una y otra vez la señora Dolores de Cospedal (podría haber
sido ella perfectamente la voz en off del reportaje, aunque así nos hubiéramos
perdido sus reiteradas presencias) y otros
líderes autonómicos, todos muy contentos en su convención de Valladolid.
El segundo reportaje, porque viene bien
siempre hablar del tiempo en los descansos, fue el de los temporales, con
alguna foto espectacular (en estos días cualquiera lo era), con poca enjundia y
sin mencionar al inmigrante que se llevó la marea. Uno más, poco importa.
De mareas también iba el tercero, la marea
blanca que ha logrado que la justicia
haya paralizado la privatización de seis hospitales públicos en Madrid. Esto es
lo que sé, pero no lo que se destaca en este reportaje, ejemplo alienígena de
abducción por parte de las empresas (habrá que decir, como se dice a lo largo
de los siguientes minutos,) externalizadoras.
Queda patente la equivocación de la Justicia al frenar esta externalización, abocando a la comunidad
madrileña a un sistema público que deja mucho que desear con respecto a la
sanidad europea, por ejemplo, la sueca, como muy bien nos intenta hacer
comprender y vender un representante de estas empresas privadas. Hasta se
atreven a afirmar que en muchas comunidades, no gobernadas por el PP, como
Andalucía o la “pérfida” Cataluña, este sistema funciona perfectamente y que,
por lo tanto, lo que ha ocurrido en
Madrid ha sido simplemente demagogia política. Como colofón, hasta se nos
ofrecen cinco o seis casos de pacientes supercontentos de ser atendidos en un
hospital externalizado como es el
Carlos III, creo recordar. ¡El colmo!
Estaba tan enfadada, me sentía tan
marioneta, que no pude aguantar el siguiente reportaje. Versaba sobre los Goya.
Pero me lo imagino; un poco aquí sobre el narcisismo de los directores, un poco
allá sobre los vestidos de las candidatas y nada de la villanía de videojuego de nuestro ministro Wert, un político tan
ocupado que, por cuestiones de agenda, ha preferido un encuentro en Londres y,
así, promover el bilingüismo anglófilo que profesa, en detrimento de esta panda
de rojos de cine de barrio, vampiros que quieren vivir de
las subvenciones.
¡Ay, si Goya levantara la cabeza…! Sus
pinturas serían aún más negras. ¿Qué voz dormida podrá aguantar tanta ofensa?
¡Por un Informe Semanal de verdad, como la
verdad de las buenas películas!
En casa, cabreada, a 9 de febrero de 2014.
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