BÚSQUEDA DE FIGURAS
LITERARIAS EN UN PAREADO DE BOLAÑO
Los
chavales se quejan de que no ven figuras estilísticas en los poemas. Pero están
por todas partes, en la publicidad, en las frases hechas (las demás frases,
¿qué?, ¿están a medio hacer?) “Haberlas, hailas”, como las meigas. Para botón,
un ejemplo del escritor chileno Roberto Bolaño y su pareado:
Cae fiebre como nieve
Nieve de ojos verdes.
En
el primer verso vemos clara la comparación.
La fiebre cae como los copos de nieve. Nos imaginamos la nevada tradicional,
pero ¿cómo serán los copos de fiebre?, ¿blancos o rojos, como la pasión
febril?, ¿como el crepúsculo rojizo o anaranjado de un día caluroso, con
bastantes grados de fiebre? Puede que nos encontremos ante las altas
temperaturas de la pasión amorosa. Habría, por lo tanto, también una metáfora. Pero es que, al mismo tiempo,
“la fiebre cae”, lo cual puede interpretarse como otra metáfora de la citada pasión, aunque en su descenso y posterior desaparición.
Ya
lo dijo Lope; el amor es “hielo abrasador”, y con Bolaño tenemos una fiebre
nevada y una nieve febril, en clara antítesis
(en el caso de Lope, un oxímoron),
con un profundo sentido lógico, de ahí que también nos acerquemos a la paradoja.
En
el segundo verso asistimos a una sugerente personificación,
pues la nieve tiene ojos verdes, a la vez que esos ojos verdes son una metonimia del rostro y cuerpos
femeninos.
En
cuanto al ritmo del breve poema, este aparece marcado por la rima interna “fiebre”-
“nieve”, y por la rima en asonante de final de verso: “nieve”- “verdes”. La
repeticion de la palabra “nieve” al final del primer verso que se retoma al
inicio del siguiente se conoce con el nombre de anadiplosis. (Esto es para dejar flipado al próximo profe de
bachillerato, por si alguna vez os aparece esta figurita en un texto.)
Vemos,
pues, cómo en dos versos hay una gran condensación de figuras estilísticas y la
sugerencia plástica de tres colores: rojo, blanco y verde.
Como
conclusión, podríamos apuntar que quizás la belleza de esos ojos verdes y una
ligera caída de párpados tras la mirada (hasta puede ser que esta mirada sea fría
y desdeñosa también) sean capaces de provocar en el poeta fiebre y frío al
mismo tiempo.
Anécdota:
En el cuento “Retorno de la noche”, perteneciente a La otra orilla de
Julio Cortázar, leo en la página 66: “una fiebre de serpiente, viscosa y helada”.
Y acordaos, cuando tengáis hijos y os pidan que los tapéis porque tienen mucho
frío hasta el punto de tiritar, de que lo que ocurre es que, paradójicamente,
están ardiendo de frío. (O quizás es que el amor y la literatura ya han hecho
de las suyas, y están enamorados y os han salido poetas.)
Carmen Bragado Junio, 2013