martes, 18 de febrero de 2014

FICCIONES TELEVISIVAS

           “Ficciones televisivas”

   He visto ayer por primera vez La voz dormida y he llorado. No sabía que  Benito Zambrano la había dirigido, aunque por la intensidad debería de habérmelo imaginado. Solas ya me había parecido brutal, en el buen sentido de la palabra, que es el emocional y estético.
   La película, que a cualquiera le parecería sdura y propia de unas circunstancias históricas extremas, como un contexto bélico o post-bélico, me ha impactado, sobre todo, al relacionarla con tres noticias  de estos días: la 1ª, la de las denuncias de mujeres violadas y torturadas en el Irak actual, “liberado de las armas de destrucción masiva”;  la 2ª, la derivada del absoluto desprecio del Vaticano que ha llegado a acusar de “injerencia” el deseo de hacer justicia en los casos de abusos a miles de niños por parte de sus subordinados eclesiales; y la 3ª, la de la reunión en Cracovia de las grandes potencias europeas en donde, según el artículo de Rivas en El País del 8 de febrero, se han identificado terrorismo internacional, delincuencia organizada e inmigración ilegal, como tríada causante de todos los males que aquejan al Viejo Continente. 
   La protagonista de La voz dormida podría muy bien desempeñar el papel de inmigrante ilegal en esta Europa terrorista y con una buena corrupción organizada. Pepita, viendo los estragos que las ideas políticas han hecho, no entiende ni quiere entender de política, pero es la primera en cruzar el estrecho o la valla fronterizos para salvar a su hermana, aunque no comparta su lucha. No le importa rebajarse ante los fachas para pedir clemencia e incluso la ingenuidad de sus ojos marítimos le dan coraje para escribirle una nota al mismísimo Generalísimo. La realidad de las descargas eléctricas a las que será sometida poco después no mermarán ni un ápice sus agallas.
   El papel de la jerarquía eclesiástica es atroz, desde la madre superiora en la escena del besajesús roto hasta el cura demoníaco de las últimas horas de Tensi. Se salva con su ternura la maestra, con los hijos muertos en el frente, que se ha hecho funcionaria de prisiones para sobrevivir, y que permite  el último contacto de la rea con su hija.
   Y de todo, lo que más me asquea es la injusticia de una guerra que nunca empiezan sus víctimas, pero vomitada por los de guante blanco y traje impoluto que, desde sus despachos, dirigen limpiamente los drones del ataque.  Me gusta el papel de Pepita, porque, en su inocencia y humildad, representa el valor del corazón, del abrazo pacífico,  por encima de cualquier adhesión a un partido o a un líder endiosado o mitificado, da lo mismo.
   Y ¿por qué hablo del “partido”? Porque después de ver una película honesta y emotiva, me encuentro con los estertores de lo que antaño fue un programa de cabecera en una televisión pública: Informe Semanal. Yo, que también peco de ingenua, en este caso, no pude sino asistir a uno de los espectáculos más bochornosos y burdos de manipulación que  recuerde.
   El primer reportaje fue un panegírico al partido único, al único partido capaz de llevarnos en la buena dirección a Europa en las próximas elecciones, como así nos lo recordaban una y otra vez la señora Dolores de Cospedal (podría haber sido ella perfectamente la voz en off del reportaje, aunque así nos hubiéramos perdido sus reiteradas presencias)  y otros líderes autonómicos, todos muy contentos en su convención de Valladolid.
  El segundo reportaje, porque viene bien siempre hablar del tiempo en los descansos, fue el de los temporales, con alguna foto espectacular (en estos días cualquiera lo era), con poca enjundia y sin mencionar al inmigrante que se llevó la marea. Uno más, poco importa.
  De mareas también iba el tercero, la marea blanca  que ha logrado que la justicia haya paralizado la privatización de seis hospitales públicos en Madrid. Esto es lo que sé, pero no lo que se destaca en este reportaje, ejemplo alienígena de abducción por parte de las empresas (habrá que decir, como se dice a lo largo de los siguientes minutos,) externalizadoras. Queda patente la equivocación de la Justicia al frenar esta externalización, abocando a la comunidad madrileña a un sistema público que deja mucho que desear con respecto a la sanidad europea, por ejemplo, la sueca, como muy bien nos intenta hacer comprender y vender un representante de estas empresas privadas. Hasta se atreven a afirmar que en muchas comunidades, no gobernadas por el PP, como Andalucía o la “pérfida” Cataluña, este sistema funciona perfectamente y que, por lo tanto,  lo que ha ocurrido en Madrid ha sido simplemente demagogia política. Como colofón, hasta se nos ofrecen cinco o seis casos de pacientes supercontentos de ser atendidos en un hospital externalizado como es el Carlos III, creo recordar. ¡El colmo!
   Estaba tan enfadada, me sentía tan marioneta, que no pude aguantar el siguiente reportaje. Versaba sobre los Goya. Pero me lo imagino; un poco aquí sobre el narcisismo de los directores, un poco allá sobre los vestidos de las candidatas y nada de la villanía de videojuego de nuestro ministro Wert, un político tan ocupado que, por cuestiones de agenda, ha preferido un encuentro en Londres y, así, promover el bilingüismo anglófilo que profesa, en detrimento de esta panda de rojos de cine de barrio, vampiros que quieren vivir de las subvenciones.
   ¡Ay, si Goya levantara la cabeza…! Sus pinturas serían aún más negras. ¿Qué voz dormida podrá aguantar tanta ofensa?
   ¡Por un Informe Semanal de verdad, como la verdad de las buenas películas!
                           En casa, cabreada, a 9 de febrero de 2014.