viernes, 23 de marzo de 2012





“Alargamiento indecoroso de un gran microcuento de la literatura universal.”

CAPÍTULO I: TRANCE “IN MEDIA RES”.
            Pedro, el protagonista de esta historia y no el otro que, por cierto, se presentó con el curioso nombre de Jhony Walker Spídico, recordaba pesadamente momentos  de la noche anterior, mientras esperaba en una cama impersonal con un viejo entubado al lado. Intentaba tener una noción más exacta de por qué había ido a ese macro-local, de por qué había estado hablando con una dragqueen y de por qué, de repente, otra gogó, ahora una chica-chica muy explosiva y con una riñonera-falda plateada, se le había acercado pasándole una mano por el cuello y la otra alrededor de su copa.

CAPÍTULO II: TRANCE REVELADOR.
            Mas solo supo que la falsa rubia de silicona, como llegó, se largó, y él se quedó, otra vez, solo, atado a ese vaso de tubo en el que le habían puesto Jhony Walker con Red Bull, pero que, de pronto, como por arte de J. K. Rowling, había comenzado a soltar espuma. Recuerda que lo probó y que sabía raro, raro. Y después ya no se pudo quitar de encima a ese pesado de dinosaurio, ese Jhony Walker Spídico que le diagnosticaron como acompañante en la sala de urgencias del centro médico de Sanxenxo.
 Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

CAPÍTULO III: TRANCE FINAL.
            Moraleja y extremaunción, por si acaso,  de don Juan Manuel, tras un lavado gástrico y tres bolsas de sangre reciclada:
                       “Si el dinosaurio todavía está ahí,
                         pide un matasanos con bisturí.”
POSTDATA:
                          (- Bien frío, por favor. Invita la casa.)

                                                                                              ¡A VUESTRA SALUD!

                      
                                                                                 

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