jueves, 15 de marzo de 2012

Mi perfil




   No me miréis de perfil. Tengo un perfil… horrible, con la única nariz malhecha de toda la familia. Miradme de frente, que yo, a fuerza de mirarme – me acerco peligrosamente a los 40- ya me he acostumbrado a otros defectos. Me he acostumbrado a unos ojos miopes (los ojos miopes, tan poco poéticos, a los que Sabina cantó en “Donde habite el olvido”; ¡oh, Cernuda!, ¡oh, Bécquer!), a una boca demasiado grande y a unos dientes, también muchos, que ya no escondo el reírme, como antes, cuando era  adolescente y trágica, y todas mis historias o ficciones acababan en guerras y exilios.
   Ahora intento reírme lo máximo que me permiten las circunstancias. Nunca he vivido por encima de mis posibilidades, como dicen todos los que de verdad lo han hecho: banqueros, políticos y empresarios de pacotilla, que, con el dinero de los demás y subvenciones "púbicas", crearon de la nada -¡qué dioses!- , sociedades limitadas o anónimas. Ellos sí que son limitados, pero también anónimos; porque, en esta monarquía bananera, a la hora de pasar por la caja de la justicia, no paga ni Dios.
   A veces, me entran ganas, si supiera, ¡que esa es otra!, (para todo hace falta “cultura”), de hurtar “a lo glande”; y sacarme otra carrera en la cárcel, en caso de que mis retóricos abogados me la jugaran. En una celda bien acondicionada entraría en éxtasis como Santa Teresa y me dedicaría a la contemplación televisiva y virtual. Escribiría todos los días en este blog y en el de los demás; colgaría imágenes, poemas, cortos, enlaces (personas no, para eso ya está EEUU), úlitmos estrenos peliculeros - ¡hace tanto tiempo que no voy al cine de adultos, ejem, quiero decir, al de no dibujos animados…!, ¡con lo que a mí me gustaba Cineuropa!-.
   Y, después de tanto pesimismo materialista, permitidme algunas sentimentalidades:
   En contraposición, ¿qué poseo?
   Dos Marcos en mi pequeño trozo de tierra, dos límites infinitos en mi personal concentración parcelaria. Soy pobre, pero lo tengo todo. Aunque, si pudiera, robaría neuronas a los genios o, lo que es lo mismo, sonrisas a los payasos de verdad.

   Y no soy tan parranoica. Perdona, Nicanor, por el plagio. Aunque uso antiparras, soy proparra.


            P.D. A la manida pregunta de qué es, para mí, la literatura, hoy diría:
            “La literatura es, para mí, un refugio en alta montaña, cerca del mar; pero no sé esquiar ni nadar.”  

























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