No me miréis de perfil. Tengo un perfil…
horrible, con la única nariz malhecha de toda la familia. Miradme de frente,
que yo, a fuerza de mirarme – me acerco peligrosamente a los 40- ya me he
acostumbrado a otros defectos. Me he acostumbrado a unos ojos miopes (los ojos
miopes, tan poco poéticos, a los que Sabina cantó en “Donde habite el olvido”;
¡oh, Cernuda!, ¡oh, Bécquer!), a una boca demasiado grande y a unos dientes,
también muchos, que ya no escondo el reírme, como antes, cuando era adolescente y trágica, y todas mis historias
o ficciones acababan en guerras y exilios.
Ahora intento reírme lo máximo que me
permiten las circunstancias. Nunca he vivido por encima de mis posibilidades,
como dicen todos los que de verdad lo han hecho: banqueros, políticos y
empresarios de pacotilla, que, con el dinero de los demás y subvenciones "púbicas", crearon de la nada -¡qué dioses!- , sociedades limitadas o anónimas.
Ellos sí que son limitados, pero también anónimos; porque, en esta monarquía
bananera, a la hora de pasar por la caja de la justicia, no paga ni Dios.
A veces, me entran ganas, si supiera, ¡que
esa es otra!, (para todo hace falta “cultura”), de hurtar “a lo glande”; y
sacarme otra carrera en la cárcel, en caso de que mis retóricos abogados me la
jugaran. En una celda bien acondicionada entraría en éxtasis como Santa Teresa
y me dedicaría a la contemplación televisiva y virtual. Escribiría todos los
días en este blog y en el de los demás; colgaría imágenes, poemas, cortos,
enlaces (personas no, para eso ya está EEUU), úlitmos estrenos peliculeros -
¡hace tanto tiempo que no voy al cine de adultos, ejem, quiero decir, al de no
dibujos animados…!, ¡con lo que a mí me gustaba Cineuropa!-.
Y, después de tanto pesimismo materialista,
permitidme algunas sentimentalidades:
En contraposición, ¿qué poseo?
Dos Marcos en mi pequeño trozo de tierra,
dos límites infinitos en mi personal concentración parcelaria. Soy pobre, pero
lo tengo todo. Aunque, si pudiera, robaría neuronas a los genios o, lo que es
lo mismo, sonrisas a los payasos de verdad.
Y no soy tan parranoica. Perdona, Nicanor,
por el plagio. Aunque uso antiparras, soy proparra.
P.D. A la manida pregunta de qué es,
para mí, la literatura, hoy diría:
“La literatura es, para mí, un
refugio en alta montaña, cerca del mar; pero no sé esquiar ni nadar.”
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