"A los que aman o lo intentan"
Cuando se ama,
el miedo se guarda en
una maleta
que pierde Iberia.
Encerramos los
prejuicios, los otros viajes,
y, valientes, nos
colgamos al cuello de un cometa.
Yo despegué, una vez
más,
y no de Cabo
Cañaveral,
hace apenas unos
años.
Unos años parecen
toda mi vida,
una esencia de
perfume en un erótico frasco.
Llevaba lastre,
grandes bolsas atadas
a mis nalgas,
pero, si quería volar
bien alto,
sabía que debía
quedarme en bragas.
Así que volad,
hermanos,
mejor que solos, acompañados;
en el amor, y no en
la guerra,
más vale maña que
fuerza.
Sed educados,
sensibles,
buena gente, (es lo
que cuenta);
si no queréis tener
por pareja
un mandril horrible
o una gallina que os
chille.
No busquéis lo fácil,
lo todo hecho;
afirman los que aman
que el amor les costó
un hueso
y, sin embargo, están
enteros.
Ni los años ni las
experiencias,
hacen al enamorado
más sabio;
todo amor es, al
principio,
un niño con la miel
en los labios.
Y si gritan los
mayores
que, con los besos,
¡cuidado!,
¿por qué, cuando nos
presentan,
tenemos que andar
besando,
si lo que nosotros
queremos
es solo besar a uno
que conocemos?
Sinceramente,
ya nos gustaría
comérnoslo a besos,
que los besos no
engordan
ni nos vuelven
anoréxicos.
Y si la vecina me
dice:
- Carmen, ¡cómo estás
de gorda!
Yo le respondo
orgullosa:
- Es que como muchos
besos;
amor con amor se
paga,
no necesito dinero.
Y a aconsejarle me
atrevo:
- Dese, vecina, un
morreo,
que, aunque tenga
“poca pasta”,
los labios no se le
gastan.
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