Hace años, en mi anterior destino (¡cómo suena
esto!, parece que he resucitado y tengo una nueva oportunidad) me evadía de las
clases algunos segundos, sobre todo, cuando el jaleo iba en crescendo, y
contemplaba a dos “viejitos” de la casa de al lado que intentaban caminar
ayudándose mutuamente. Como no podía hacer nada por ellos, les hice un soneto
al boscaniano modo, si se me permite la comparación; ya sé que a Garcilaso no
llego, ni siquiera en el último decimal del número pi. Entonces, si yo he
podido, vosotros también podéis escribir sonetos.
Quérense. Eu vexo o seu amor
no pausado paseo das mañás,
curtos percorridos ó almorzar,
dun recuncho ó outro do balcón.
Non gardan só afecto antigo, non;
un desexo ancestral de navegar
ancóraos nesta orela do mar,
sen Carontes, sen sereas ou ciclóns.
El ofrece as súas mans de
enfermeiro,
vocacional, tenro, esperanzado,
sabedor dos esforzos ventureiros
do sol de Vilanova que, nun paso,
fai a dor e os camiños máis lixeiros
no seu mundo de vellos namorados.
(Grazas, Castelao, polo sintagma. Gracias,
Aleixandre, por este poema que empieza “Se querían.” y todavía me estremece
como la primera vez que lo leí. Gracias, Cernuda, por ese otro “Te quiero” que
Serrat cantó con tanto amor.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario